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En el bazar, quien no corre, vuela (Reseña Jaipur)

Cuentan que Apu Nahasapeemapetilon, propietario del Badulaque más fastuoso de Springfield abrió los ojos como platos cuando, pasando por el escaparate de la Mazmorra del Androide, vio un pequeño juego en cuya portada aparecía un bigotudo y turbantudo señor, con cara de simpático negociante.  Sin pensarlo dos veces, y visualizando las duras noches en las que compartía turno en el Badulaque con su amigo dependiente, Apu entró en la tienda, y adquirió el juego, marchando tan alegre hacia su amado trabajo.  Entre fresisuis y fresisuis, Apu descubrió que unas reglas sencillas permitían un rato tan divertido como el último éxito de Bollywood. Y además, el mercadeo veloz siempre le gustó.  Y le encantó Jaipur. El tal Sébastien Pauchon que firmaba el juego recibió en su casa un vale descuento para el Badulaque en agradecimiento.  Sólo canjeable en la festividad de Vishnu, eso sí.

Nota: Pedimos disculpas por la calidad regulona de las fotos.  Mis dotes de fotógrafo son obviamente nulas, y al parecer en la BGG hay mucha gente que pone todas sus fotos con los derechos reservados, ya quisiera yo saber por qué.  En fin, si queréis fotos notablemente más chupis, ya sabéis dónde mirar.

Una caja que no diseñó un pichiruchi(1) cualquiera.

Que no sirva de precedente (bueno, ojalá sí que sirviera), pero hoy no voy a despotricar de la caja.  Y es que esta parece que la haya diseñado una señora llamada Milagros, porque no se me ocurre forma alguna de mejorarla.  Sí, queridos fabricantes, se puede hacer una caja bonita, práctica, de tamaño adecuado, en la que quepan las cosas en su sitio, y sin litros de aire.  En serio.

Jaipur viene en una caja tipo Ciudadelas o Condottiere (en su versión más reciente), muy cómoda de transportar.  En la portada se ve un dibujo bastante agradable de un tipo con bigote y turbante que rápidamente nos sitúa en el negocio, mostrándonos un buen lote mercancías transportadas en camello.  Estamos en la India, en Jaipur mismamente, y la cosa va de mercadeo.  Dentro de la caja encontramos las reglas, en tres librillos diferentes para alemán, francés e inglés, magníficamente explicadas e ilustradas con buenos ejemplos, y en las que se nos pone en situación, indicándonos que nuestro objetivo es convertirnos en el mercader personal del Maharajá.  El juego trae 55 cartas, de las cuales 11 de ellas son camellos, y el resto 6 tipos diferentes de mercancías.  Las cartas son buenas, los dibujos bonitos y perfectamente reconocibles, de modo que cumplen su función más que sobradamente.  Los camellos también son bastante reconocibles si has visto alguna vez uno, y tienen la gracia de contener un “huevo de pascua” en referencia al panda del Zooloretto de Michael Schacht.

 

Carta del panda
Carta del panda

El panda tiene una pinta de yonki  que no veas.  Al parecer, el camello se lo ha cargado, y es que por lo visto se trata de un chiste sobre la rivalidad en monería de los camellos del Yspahan y el panda del Zooloretto).

Y además de las cartas, encontramos 60 fichas de cartón redondas de diferentes tipos.  De buen grosor, manejables, y con dibujitos nuevamente prácticos y bonitos.  No se necesita más, y todo está bien hecho.

 

Componentes de Jaipur

Componentes de Jaipur

Precioso troquelado, para no perderlo.  Fichas ya destroqueladas, sin riesgo de cargartelas.  Cartas molonas.

Bueno, sí, se necesita que el inserto sea tan guay como este, de un rosa chilloncete que resulta delicioso.  Y como los marcadores vienen destroquelados (demos gracias todos los que odiamos ese proceso) y ya puestos en su sitio, y las cartas también tienen un sitio superchulo porque debajo de ellas está troquelada la palabra Jaipur, y todo encaja, y si le das un meneo a la caja pues no se mueve todo…  Pues tenemos una caja ideal de la muerte.

Y además, te dicen el número de jugadores, tiempo y edad con unos dibujos chulos, no con un miserable reloj de arena y un dibujo supersoso de una mesa o un tío hecho con palotes.

 

Detalle de la caja

Detalle de la caja

Sí amigos, estos pequeños detalles, nos alegran la vida.  Otros ejemplos, en los juegos de Ystari.
Resumiendo, componentes buenos, cumplen totalmente con su función, inserto cuasiperfecto (dudo que puedan entrar bien las cartas si las enfundas, pero claro, si cupieran enfundadas, bailarían sin enfundar), y caja de tamaño adecuado.  Vivir para ver.

Compra, vende, cambio todo por camellos

Jaipur es un juego de comercio, y yo normalmente no soy muy fan del comercio en los juegos.  Se presta a puñaladas traperas sin sentido, y creo que no me equivoco si digo que incluso pueden provocar cabreos entre amigos.  Amén de alargar normalmente las partidas con discusiones absurdas llamando ladrón al contrario, estafador, o pardillo por aceptar un trato absurdo.  Pues nada de eso, Jaipur es un juego en el que se comercia con el tablero, así que todo eso fuera de un plumazo.  Es tremendamente dinámico, se juega al mejor de tres rondas, y una partida entera puede durar unos 30 minutos o menos.  Sencillo, divertido, y normalmente bastante igualado.

La cosa va así.  Se prepara el juego repartiendo 5 cartas por jugador, y generando el mercado central con 3 camellos más otras 2 cartas aleatorias.  Se clasifican los marcadores por mercancías, y vemos que para cada mercancía, hay marcadores con precios diferentes.  Se ordenan de modo que el más valioso quede arriba, y el más barato abajo.  Ya sabes, cuanto antes vendas, mejor precio consigues.  La distribución de marcadores, y el número de cartas de cada mercancía es variable.  Porque las mercancías pueden ser joyas como los diamantes, el oro y la plata, u otras algo menos nobles, como telas, especias y cuero.  También hay marcadores de lote, que se ganan cuando vendes varias mercancías a la vez.  Un marcador de camello, y otros tres más para indicar quien gana cada ronda.

 

Despliegue inicial

Despliegue inicial

Despliegue inicial.  Todo ordenadito, como debe ser.  Ese oro del mercado es carne de compra… (la mano inicial de cada uno, evidentemente, es secreta.  No me seais…)
La idea del juego es ser el que consigue más dinero en cada ronda.  Y en cada turno sólo podremos comprar mercancías en el mercado, o venderlas.  La compra es lo más truculento, así que lo dejamos para luego, que siempre es mejor ir in crescendo.  Podemos vender las cartas de mercancía de la mano, pero sólo de un tipo.  Si cuero, cuero, y si diamantes, pues diamantes.  Pero desde luego, no se puede vender un diamante envuelto en un cuero, faltaría más.  Los camellos no se venden, y ni siquiera están en la mano, se ponen delante, los que nos den al principio, y los que vayamos consiguiendo posteriormente.  Se utilizan para las compras, así que los dejamos tranquilos de momento.  Por cada carta de mercancía que vendemos, obtenemos un marcador, con una cantidad de dinero ganada.  Los primeros dan más dinero, los últimos menos.  Así que cuanto antes vendas mejor.  Pero claro, cumpliendo con unas normas.

De las tres mercancías básicas, telas, especias y cuero, podemos vender todas las que queramos, ya sea una o más.  De las joyas hay que vender un mínimo de 2 cartas, y de ellas hay menos cartas que de las mercancías básicas.  Y además, para que no sea tan trivial, si vendemos en lotes grandes, de 3, 4 o 5 cartas a la vez, nos dan un bonus que puede ser de lo más sabroso.  Son los marcadores de lote, divididos por el tamaño del mismo, y que a diferencia de los marcadores normales, son ocultos.  De modo que en todo momento sabemos al precio que podemos vender las mercancías, pero si nos decidimos por un lote, no sabemos qué extra nos llevaremos.  Bueno, sabemos que vender 3 cartas nos dará de 1 a 3 monedas extra, vender 4 cartas de 4 a 6 monedas, y vender 5 cartas nos dará de 8 a 10 monedacas.  Muy llamativo, pero arriesgado, porque si el otro se te adelanta, puede que pases de vender tus mercancías por 5, 4 o 3 monedas cada una, a vender todas por 1 cada una.  ¿Rapidez o tranquilidad?

 

Contadores

Contadores

Los contadores, codiciados por todos.
Y para acabar de hacer la gracia, hay un marcador menos que cartas de cada mercancía, por lo que una carta se queda, digamos que colgada.  Aunque por ejemplo, si quedan dos marcadores y vendemos tres cartas, nos llevamos los dos que quedan, y nuestro marcador de lote, a pesar de que sólo hubieran dos marcadores normales.  Pero vamos, que si queda 1 marcador y vendes 2, pues nada, ajo y agua.
Comprar es lo más gracioso.  Tienes hasta tres opciones.  La primera, pillar camellos.  En ese caso, tomas TODOS los del mercado, y los colocas en tu rebaño, delante de ti, junto a los que tuvieras antes.  No se pueden tomar camellos y mercancías a la vez nunca.  Si camelleas, camelleas y punto.  Rellenas el mercado con cartas del mazo.  Otra opción es tomar UNA carta de mercancía del mercado.  Se rellena con una carta del mazo.  Y la última, tomar VARIAS mercancías del mercado, del tipo o tipos que queramos.  Se rellena en ese caso con camellos de tu rebaño o con cartas de tu mano, diferentes de las tomadas.  Para eso son los camellos.  Y ojo, porque al final del turno no puedes tener más de 7 cartas en la mano.  Que parece una tontería, pero que dificulta mucho hacer lotes grandes, y en ocasiones imposibilita realizar alguna acción (por ejemplo, si tenemos 7 en la mano, no podemos tomar UNA mercancía, porque se rellena con el mazo, y nos quedaríamos con 8 en la mano).

Aquí es dónde se abren las opciones.  El momento de tomar camellos, que puede abrir el mercado al contrario, pero que son imprescindibles.  Usar cartas de la mano o no para llevarte varias.  Por supuesto, pensar qué mercancías tomar, ya que los marcadores nos indican en todo momento cuantos se han vendido de cada tipo, y por tanto, sabemos qué cartas van a poder salir.  Tener en cuenta las cartas en la mano del contrario, así como su rebaño de camellos.  En fin, nada para echar humo, pero lo que se espera de un juego sencillo y rápido sin ser simplón.

 

Partida en juego, primera ronda

Partida en juego, primera ronda

Partida en juego, primera ronda.  Diamantes y oro vendidos en lote de dos, sin esperar el extra, pero aprovechando los más caros.  Y el cuero, ¡en un lote de cinco!
La ronda sigue adelante hasta que se cumple una de dos condiciones.  O se acaban las cartas del mazo y no se puede rellenar el mercado, o se acaban los marcadores de tres mercancías.  ¡Vaya!  Pues eso le da otro punto al juego, porque según se venda algo o no puede acabar la ronda, y que no nos dé tiempo a vender algo que teníamos acumulado.  Acabada la ronda, cada jugador voltea sus marcadores, cuenta las monedas y gana quien más dinero tenga.  Quien tenga más camellos en su rebaño al final de la ronda gana el marcador correspondiente, con un valor de 5 monedas.  No es ninguna tontería, las puntuaciones finales pueden rondar las 60-70 monedas, y todo cuenta.  El mercader más rico, gana un sello del Maharajá (ilustrado de nuevo con el bigotudo), y quien consiga dos sellos, gana la partida.

De mercadillo

Ahora que lo pienso, este juego debería triunfar en los mercadillos españoles, esos donde los vendedores gritan como posesos vendiendo lotes de calcetines y ropa interior a precios de risa, vaqueros de marca (cara) a precio de saldo, o gafas de sol que garantizan cegueras inmediatas.  Pero jugar a Jaipur es una experiencia menos estresante.  Como hemos dicho, Jaipur es un juego muy rápido, y sencillo, aunque un escalón por encima de uno de los más grandes clásicos de los juegos para dos, Exploradores.  Comparte su rapidez, pero ofrece más opciones, y en mi opinión, es más divertido y tiene más recorrido.  Es un juego fácil de entender, aunque en la explicación habrá que hacer énfasis en los diferentes tipos de acciones posibles al comprar.  Puede que se produzca alguna confusión en algún momento, un pequeño olvido y vender sólo una plata (¡no, mínimo dos!), o quedarnos con más de 7 cartas en la mano (castigo de latigazos), pero son más despistes que no entendimientos.

Como mínimo detalle negativo, tiene un cierto tiempo de preparación, porque hay que ordenar los marcadores y demás.  Pero vamos, un minuto, dos si eres un poco zoquete.

Tiene una cierta dosis de suerte, obviamente, puesto que el orden en el que aparecen las mercancías puede favorecer a uno u otro, pero raramente se podrá decir que uno de los dos tenga mucha más suerte que el otro.  Y a pesar de tener ciertas opciones, no es juego que aparezca ni se haga sesudo, como por ejemplo Battle Line, por poner otro ejemplo de juego sencillo para dos.  Y por eso, no sufre de parones.  Sus momentos de angustia son divertidos (cachis, ha vendido los dos primero cueros, que son los caros, ¿qué hago ahora sólo con 3 cueros baratos, y un lote no muy allá? ¿Me espero a tener 4?).  Y te lo puedes llevar a cualquier lado.  Dentro de la caja del Metropolys, por ejemplo.

 

El colega del turbante

El colega del turbante

Nuestro colega del turbante y el camellete se despiden hasta la próxima.

(1) Pichiruchi: Ejemplos 1&2, Ejemplo 3

Una reseña de Francisco Javier Santos

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9 Comments

  1. Javi Santos 25 mayo, 2011 at 9:02 am

    Buenas, empezamos a decidir la próxima, a elegir entre dos opciones.

    1 – Richelieu, de Michael Schacht, un ligero pero maquiavélico juego de mayorías sin poner cubitos.
    2 – 2 de Mayo, de Daniel Val, un mini-mini-wargame en el que la furia española se enfrenta a los franceses invasores.

    Deja tu comentario, y así decidimos entre todos la siguiente reseña de la serie.
    Saludetes,
    Javi

    • CUBO Magazine 25 mayo, 2011 at 9:35 am

      Yo elijo 2 de Mayo!

  2. Cristian (bravucon) 25 mayo, 2011 at 10:46 am

    Yo ya tengo preparada la reseña del Richelieu, es que Javi me lee el pensamiento…

    Cuando quieras, la reviso y te la paso…

  3. CUBO Magazine 25 mayo, 2011 at 11:53 am

    Cuando tengas un rato Cristian! muchas gracias!

  4. Javi Santos 25 mayo, 2011 at 2:15 pm

    Pues nada, en vista de que Cristian nos acaba de chafar el concurso ;), mi próxima reseña será para 2 de Mayo. Si a Cristian le parece bien, la de Richelieu supongo que irá dentro de la sección, ¿no? Ya sabeis, TODOS estais invitados a participar en la sección «Cuando tres son multitud».

    • Cristian (bravucon) 26 mayo, 2011 at 9:12 am

      Lo siento Javi, ya te dije que me había hecho ilusión esta sección y Richelieu es uno de mis juegos preferidos exclusivamente para dos jugadores.

      • Javi Santos 26 mayo, 2011 at 11:21 am

        Déjate de «sientos», es fantástico que la tengas ya preparada. Deseandito estoy de leer tu reseña 😀 Porque creo que además, vamos a estar muy de acuerdo.

  5. Antonio (Varela) 26 mayo, 2011 at 11:25 am

    Gran reseña! Ahora tendre que incluirlo en algun futuro pedido 😀
    Puestos a pedir, me gustaria ver una chuli-reseña del Odins Rabens 😉

    • Javi Santos 26 mayo, 2011 at 2:15 pm

      Aquí puedo ser útil, recurriendo a bibliografía. Tienes una en http://www.nosolorol.com/revista/index.php?nrev=35&nsec=6 y quizá te sirva para complementar ese pedido 😉 A mi personalmente me parece que el Odin’s Rabens es un JUEGAZO. ¿Me lo llevo a la Noche más Corta?

      Llevo un tiempo preguntándome si tiene sentido «rehacer» reseñas. Como poco, creo que sería interesante como experimento. Esta la escribí hace más de 4 años. Seguramente ahora sería diferente…

Comentarios

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