Ragami, el cielo sobre Lisboa

Introducción

Hace unas semanas tuvimos la suerte de recibir un prototipo de Ragami, el nuevo juego de Gil d’Orey, que llegó desde Lisboa y que en aquellos días estaba muy cerca de estar completamente finalizado. Mucho antes, allá por Octubre, su autor ya me adelantó la temática y algunas de sus mecánicas, aún en desarrollo, durante el pasado festival de Juegos de Córdoba. Lo primero que llama la atención de Ragami es su temática, que rompe radicalmente con la tendencia de la editorial Mesaboardgames de publicar juegos relacionados con temas relacionados con su país de origen, como ya hizo con Caravelas o Vintage, que precisamente presentaban en Córdoba de la mano de Morapiaf. En este caso los jugadores se convierten en Ángeles Guardianes que sobrevuelan la ciudad para ayudar a personas que se encuentran en conflicto.

Portada de Ragami, ilustrado por Pedro Soto

Portada de Ragami, ilustrado por Pedro Soto

El juego

El tablero de Ragami representa una ciudad vista desde las alturas a largo de cuyas calles y carreteras se desplazan tanto los propios Ragami como otros habitantes no menos importantes, los santos y los demonios, que por supuesto también tienen su papel dentro del juego como veremos más adelante.

Al comienzo del turno, los jugadores han de elegir uno de los espacios donde que les permitirán llevar a cabo una acción. Los espacios contienen siempre dos posibles acciones, siendo siempre una de ellas mover su Ragami por el tablero hasta cuatro espacios desplazándose entre edificios y/o calles de la ciudad. El resto de las acciones permite mover santos (lo que nos obliga también a mover un demonio o bien colocar uno nuevo sobre el tablero), coger una carta a elegir entre tres o bien resolver un conflicto, que sin duda es el alma del juego. Todas estas acciones están limitadas en número por un dado que los jugadores decrementan cuando llevan a cabo una de ellas de forma que cuando alguien usa una de las acciones cuyo dado tenga un uno, la acción deja de estar disponible para el resto de los jugadores hasta que termine la ronda. En algunas rondas habrá mayor disponibilidad de acciones que en otras por lo que cada una de ellas requerirá de un planteamiento y estrategia diferente por parte de los jugadores.

El tablero definitivo de Ragami

El tablero definitivo de Ragami (pulsar para ampliar)

Tanto los santos como los demonios son muy importantes en el juego. Los primeros aportan su ayuda para resolver los conflictos que los jugadores encuentran en la ciudad mientras que los demonios hacen justo lo contrario. Los conflictos están representados en el tablero mediante dados, cuyo número indica su dificultad de resolución (que aumenta en uno por cada demonio allí situado). Para resolver un conflicto, la mecánica central del juego, un jugador debe colocar su Ragami sobre uno de ellos y posteriormente elegir la acción correspondiente. Hasta aqui parece fácil, pero hay un problema ya que los Ragami deben gastar tantos puntos de poder como dificultad implique el conflicto a resolver. Por suerte, hay muchas formas de conseguirlos:

  • Cubos blancos: se consiguen, por ejemplo, colocando  a un santo en un conflicto y son devueltos al suministro una vez usados
  • Cartas: algunas de ellas proporcionan puntos de poder directos y en general aportan variedad al juego
  • Santos: cada uno de ellos contribuye con 1 punto de poder a la resolución del conflicto, que si es resuelto otorga 1 punto de virtud (victoria) a su poseedor.
  • Dados de virtud: cada jugador posee uno de ellos situado sobre el tablero. Si se encuentra adyacente al conflicto, el jugador puede elegir gastar uno o más puntos de dicho dado como puntos de poder.
  • Ragami: si hay un segundo Ragami en el conflicto éste aporta dos puntos de poder adicionales.
  • Dado de poder: que introduce un componente de azar en el juego (su uso es opcional) y que en caso de fallo hará que el Ragami tenga que desplazarse a un espacio adyacente.

Si el jugador resuelve el conflicto obtendrá tantos puntos de virtud (puntos de victoria) como indicase el dado. Pero esta no es la única forma de obtener puntos de victoria, por lo que en Ragami no hay una sola táctica para ganar. Los jugadores también obtienen un punto por cada dos cubos que devuelvan al suministros, por cada demonio que derroten al situar su Ragami en un espacio ocupado por uno o varios de ellos, colocando un santo en un conflicto que sea resuelto, intercambiando 3 puntos de su dado de virtud por un punto y al final de la partida dependiendo del número de conflictos que hayan resuelto. Mediante cualquiera de estas formas, el primero jugador que alcance los 30 puntos de virtud es el ganador de la partida y, en caso de empate, el ganador será aquel que haya resuelto más conflictos de entre los que hayan empatado.

Conclusión

Sin duda uno de los puntos fuertes del juego es la constante dicotomía que durante toda la partida existe entre la cooperación y la competición. En ocasiones, los jugadores decidirán colaborar en la resoluciónes de un conflicto por parte de otro jugador para obtener un pequeño beneficio pero en otras ocasiones intentará boicotear por todos los medios la resolución de un conflicto para evitar que un jugador obtenga puntos. Por supuesto, devolver los favores es algo opcional, lo que introduce también mucha interacción entre los jugadores. Además, la variedad de formas que tenemos para obtener puntos de victoria permiten a los jugadores elaborar estrategias muy diferenciadas. Tal vez la mayoría de los jugadores experimentados decidan jugar si el dado de poder por el azar que introduce pero como hemos comentado su uso es opcional y así está reflejado en las reglas del juego.

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